miércoles, 16 de mayo de 2007

EL MILAGRO DE INTERNET

Como muchos de vosotros nací en una época en que el ordenador era una máquina que ocupaba varias habitaciones y servía para jugar al ajedrez. Eso lo supe tarde porque no sin sentir una punzada de vergüenza reconoceré que las primeras veces que oí hablar del mencionado aparato creía yo que ponía él solo los objetos de una habitación en su sitio. Para entonces era todavía un mocoso y la mayor parte del día la ocupaba vestido con un babero de rayas con mi nombre cosido en el bolsillo. No existía el CD, el vinilo era el rey y los coches (casi siempre SEAT) llevaban un tapete de ganchillo hecho por la abuela en la bandeja trasera.
Internet llegó tan rápido que me subí a él sin saber para qué servía y cuando me abrí la primera cuenta de correo en la sala de ordenadores de la Facultad de Derecho la conexión era tan lenta que para acceder a la bandeja de entrada se necesitaban más de diez minutos, una espera casi siempre inútil puesto que la bandeja de entrada acostumbraba a estar vacía.
Hoy tengo una página web plantilla de otras miles sin gracia ni encanto ni diseño y teniendo de cuenta que los blogs, las webs y similares proliferan como los hongos veraniegos en mi espalda debería servir para menos que nada. Pero esta revolución cibernética que ni el diablo sabe a dónde nos lleva no deja de sorprenderme día a día. En un par de meses mi pagina ha sido impresa mas de 4.000 veces, una nimiedad en el infinito de la red pero que me hace pensar en quién se molesta en asomarse en ella. Pero además y para acabar de despistarme en una de sus páginas hay 3 vídeos de idéntico tema y similar contenido; Mientras dos han sido visitados unos 40 veces en poco menos de un mes, el otro, por canales incomprensibles y perdidos en la inmensidad supera en el mismo tiempo las 1.000 descargas.
Si una vez no supe para que servían las computadoras o el CD, sigo ahora sin saber para qué sirven las webs y los blogs. Un día, tal vez descubriré que tan solo sirven para enterrar ideas y para que gracias a la red, no se pierdan, que es, al fin y al cabo lo mismo que dejarlas en el sitio donde estaban antes de que la informática apareciese.

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