Estaba hasta las cejas de deudas, tenía la boca llena de amenazas que sabía que no iba a cumplir y el callejón sin salida se había vuelto una apisonadora que iba a matarle. Por eso hoy hace un año, Mohammed Bouazizi, vendedor callejero tunecino, decidió dejarse de finuras, se roció con gasolina y se quemó a lo bonzo. En principio la cosa debería haber quedado ahí, puesto que en principio no era más que una carta rabiosa, impulsiva y subjetivamente bastante mal jugada. Vamos, que muerto acabó y muerto sigue. Pero sin que nadie sepa muy bien por qué su final Shakesperiano encendió la llama de las revueltas árabes y dio pie a que Occidente se hiciese con el control del petróleo de Libia. (Todavía es pronto para poder ponerle nombre y apellidos a lo que pasó /está pasando en Túnez, Egipto, Marruecos y Siria)En fin, que un año después de que prendiera la llama (no es una metáfora) de la primavera árabe lo único que he aprendido es algo sobre la teoría del caos... esa que dice que el aleteo de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo.
Pero no se a ti... pero a mi no me basta. Yo esperaba más de la primavera árabe.


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